En primer
término, voy a expresar mi agradecimiento a la invitación, por varias
razones.
La primera
de ellas, por que me permite, en alguna manera, asociarme, en cuota
muy modesta, a la obra cultural
que, en consonancia con su rol social, viene cumpliendo la Jefatura
de Policía, con todo su personal.
En segundo
lugar, por que es intención de esta Jefatura, proyectar este mensaje,
si es que mensaje puede llamarse,
a todo el país, a través de las reuniones de las Comisiones de Colaboración
Policial.
Y en tercer
término, porque en más de un modo y en más de una medida, lo que voy
a decir tiene mucho que ver
con la función policial, porque la fundación de Rocha obedeció a un
problema de seguridad de los habitantes y de
sus bienes.
Esta medida
que se aplica al Pago de Rocha, en una fecha en que van a cumplirse
los doscientos años en el próximo
año, tiene varios antecedentes.
Obviamente,
lo que se llamó el Partido o Pago de Rocha, era conocido bastante tiempo
antes. Las primeras
menciones a estas regiones, aparecen en las cartas de viaje de los navegantes
en el siglo XVI, más concretamente
en el año 1515. Solís viaja por el sur del atlántico y es le primero
que entra, al parecer, por el Río de la Plata y ya
deja algunos nombres en las costas de nuestro departamento. Las islas
de Torres, porque las visita el segundo
jefe de la expedición, que era cuñado de Solís, y deja su nombre a ellas.
De ese
tiempo es el nombre de Cabo de Santa María, a cuyo abrigo estuvo anclado
Magallanes durante un temporal,
en febrero de 1520.
Todo esto
ya está registrado en la historia del mundo, del Renacimiento, en el
mundo de los grandes
descubrimientos, en el mundo de la conquista.
Por el
otro lado, por tierra, la civilización que traen los españoles, va penetrando
gradualmente en el territorio. La
introducción de la ganadería es un factor decisivo para el Pago de Rocha,
que recibe recién su nombre por el de un
faenero que acostumbra visitar estas regiones, que acampó y tuvo sus
estancias y sus lugares de faena en lo que
hoy es llamado Paso de la Cruz, lugar muy visitado en la época por varias
razones. La sierra era un punto fuerte de
riqueza ganadera. Dicen los paisanos, y es verdaderamente cierto, que
las sierras son criadoras porque el ganado
montaraz tiene allí su mejor defensa, en la piedra, en el monte; al
extremo que, cuando los reyes de España
comienzan a conceder estancias en lo que hoy es el departamento, muy
pocas de ellas son concedidas en las
sierras. Y las que se dan en los valles, como las que se le otorgan
a José Núñez, que ostentaba el grado de
Comisario, que tuvo sus asientos en la zona de Chafalote, en los títulos
de concesión de los campos, se establece
que se le permite recoger ganado y llevarlo a estancias que quedan comprendidas
entre los Arroyos de Don Carlos y
Chafalote a la Laguna de castillos y el mar, con prohibición de entrar
en las Sierras. El ganado de las sierras era el
ganado
Real, el que pertenece al Rey.
Esta riqueza
ganadera, en campo sin guardias, obligó a prestarle mucha atención.
Había guardias en los pasos, en
puntos estratégicos, pero obviamente esas guardias estaban limitadas
a un sargento y pocos oficiales, y no podían
hacer la vigilancia más que en los pasos reales, en el lugar de asiento
de los guardias: en el Paso Real una guardia,
en el Paso de Garzón otra, lo mismo que en el Paso de Castillos; junto
a la Laguna de Castillos estuvo la que le
llamaban Guardia del Monte; y otra en la zona del Palmar.
Las guardias
eran dobles: una guarida en el paso y otra en un lugar prominente, no
más lejos de una legua de la
anterior.
En la
zona de La Pantanosa, más cerca todavía, los vecinos distinguen el Cerrito
de la Guardia, que se comunicaba
con determinadas señales con las del Paso Real.
La función
de estas guardias era, evidentemente, controlar el tránsito y los pasaportes
existentes para circular, en
los tiempos de la Colonia, por los caminos del territorio; el que no
tenía pasaporte era considerado vagabundo y, por
lo tanto, estaba en falta, pudiendo ser remitido a cualquiera de los
destacamentos permanentes.
Esas guardias
fueron determinando los puntos de nucleación.
Pienso
que la Guardia del Paso Real tuvo dos lugares donde pudo estar asentada:
en lo que fue una antigua
casa, del otro lado del Paso Real, que no sé si existe todavía, o en
la casa que se conserva aún en la zona del
Hipódromo, que es una vieja casa de piedra, donde hay una caballeriza
actualmente. Esa casa fue vivienda de un
Alcalde, don Francisco Antonio Zelayeta. Miguel Antonio Zelayeta tuvo
su estancia allí, la que se extendía desde el
Paso Real hasta las Sierras. Los campos que hoy son propiedad de los
Oyarvide, pertenecieron a don Miguel
Antonio Zelayeta que, como dijimos, vivió en la casa de piedra ya mencionada.
Pudo ser también asiento de la
guardia del Paso Real, los predios donde hoy se ubica el Hogar de Ancianos,
por cuanto los ombúes denuncian
siempre la existencia de una antigua población.
Estas guardias,
naturalmente, permitían a algunos vecinos, a los que se les adjudicaban
propiedades, radicarse con
ciertas garantías y seguridades.
Pero, evidentemente,
aquella campaña, inmensamente rica en ganadería, era comúnmente saqueada
por dos vías:
por tierra llegaban los contrabandistas que arreaban ganado para el
Brasil, casi siempre; y por mar, los piratas. Es
verdad que Moreau se instaló en la zona de Castillos, frente a Aguas
Dulces, y ahí, en pacto con los indios, faenaba
ganado y salaba cueros; la carne no interesaba; sólo salaba los cueros
y llevaba los sebos. En el año 1620 le
pusieron fin, en batallas que se sucedieron en esos lugares, lo que
les costó la vida.
El territorio
fue teniendo luego, estancieros, a quienes la Corona les cedía estancias,
con el compromiso de vivir en
ellas, poblarlas, sembrarlas, entendiéndose que poblar era un modo más
seguro de civilizar. Así se fueron eligiendo
los mejores lugares de estancias en los rincones naturales de estas
tierras, como los que formaban el arroyo con el
mar o las lagunas. Por eso, nuestro territorio está poblado de rincones;
Rincón de Herrera, por ejemplo.
Miguel de Herrera fue un colono de fines del siglo XVIII y principios
del XIX, fundador de una larga estirpe familiar,
que existe en Rocha todavía; los Herrera, los Silva y los Sosa están
emparentados. Miguel de Herrera fue el
hacendado más rico de la zona de Garzón, considerándosele el mayor exportador
de cueros y de sebos, siendo un
personaje importante en defensa de la región. Acaudilló las milicias
del Este contra los invasores ingleses y siendo ya
capitán, fue el primer Alcalde de la Villa de San Carlos. Sus restos
descansan en el cementerio de nuestra ciudad,
en el Panteón de los Herrera, ubicado a la entrada del mismo.
En la zona
de Garzón pobló José de Sosa y en el Alférez, su hermano Silvestre de
Sosa. Ambos ya eran estancieros
anteriormente a la fundación de la Villa de Rocha.
Ya en las
proximidades de Rocha, estaban instalados Toribio del Barrio y José
Machado, fundadores ambos de
destacadas estirpes, de las cuales debe andar por aquí algún lejano
descendiente.
Toribio
del Barrio era hijo de un gallego de San Carlos, siendo uno de los primeros
colonos de estos pagos.
Esta gente
disfrutaba de una mayor protección de sus propiedades, al estar radicados
en las zonas de influencia de
las Guardias Reales.
La Estancia
Real tenía el apoyo de dichas Guardias para poder enfrentar el azote
que significaba la acción de los
contrabandistas y piratas, que diezmaban las haciendas.
Hubo un
primer intento de solución para este problema, con la creación de las
Estancias Reales, como la de Don
Carlos, fundada por Zeballos. En la campaña para expulsar a los portugueses,
llega hasta Río Grande y al regreso
dispone dicha creación, con el propósito de poder disponer de haciendas
con las cuales proveerse de caballos y de
bueyes para las carreteras de Santa Teresa.
Igualmente
resultaron importantes fuentes de abastecimiento de carne para las Guardias
de estas zonas y de las de
Maldonado, ya que los destacamentos más importantes estaban ubicados
en la Fortaleza de Santa Teresa y en la
vecina región de Maldonado.
Hubieron
otras estancias reales como las de Palmar y de Pan de Azúcar; todo lo
que es el Cerro, que fueron después
campos de Leonardo Olivera, era la Estancia Real de Pan de Azúcar.
Pero la
medida más aconsejada para proteger las haciendas, era la de fundar
una población que nucleara servicios y
fuerzas de seguridad, que sirvieran de resguardo para la zona. Hay una
orden Virreinal, de fines del siglo XVIII, que
ordena la fundación de, por lo menos, tres pueblos, entre Maldonado
y Santa Teresa. Maldonado era, en esa época,
la población más importante de esta parte del territorio y Santa
Teresa era, por aquel entonces, la población más
avanzada en el sur del Virreinato, de quien dependía militarmente, porque
civilmente lo era del Cabildo de
Maldonado. La comunicación por estas largas leguas entre San Carlos
y Maldonado con Santa Teresa, era muy
difícil.
En títulos
que hemos estudiado, del legado de José Nuñez, solicita que se le entreguen
tierras a cambio de los
servicios que él ha prestado en el Fuerte de Santa Teresa, así como
en el Fuerte Artigas y de Maldonado,
arrancando piedras. Su solicitud se basa en el abandono en que se encuentra
el lugar que se propone poblar y
vivir allí. Dice que una población serviría de refugio a todo
ser yente o viniente entre Santa Teresa y Maldonado,
donde no hay otra población. Hacer todo este camino en aquel entonces,
era muy riesgoso porque la campaña, que
no estaba muy poblada de colonos, era constantemente visitada por maleantes,
gente de malas costumbres que
vivían del contrabando, del robo, del asalto.
Esta fue
una de las razones de la fundación de las villas, como lo fue la de
Minas y de Melo en otro orden. Pero otra
razón no menos importante, era que en el Cabildo de Maldonado había
radicadas, desde hace muchos años, muchas
familias de origen español, que habían venido en un intento de colonización
que se había proyectado en la
Patagonia. Por razones especiales fueron destinadas a Maldonado y allí
quedaron, sin destino, sostenidas por la
Hacienda Real, es decir, por el Erario Público. Si bien no era mucho
lo que costaban, no dejaba de ser importante el
gasto de un real por día y por familia. Por esa causa, era imperioso
darle destino a esas familias.
De manera
que a las ideas de arreglar los campos por un lado, de proteger las
comunicaciones por el otro y de darle
radicación a las familias españolas, conforman la conjunción de factores
determinantes de la fundación de la Villa de
Rocha. Se le ordena al Ministro de la Real Hacienda de Maldonado, Rafael
Pérez del Puerto, personaje importantísimo
en la vida colonial y regional, la elección del terreno con ese propósito.
Hay un primer informe anterior a 1790, donde
aconseja precisamente la ubicación en los campos que fueron de José
Núñez y que ya estaban gestionados por él.
Ese informe se pierde. Tengo mi suspicacia, por cuanto José Núñez
era un personaje importante de la época; era
Teniente Alcalde de Santa Hermandad; tenía grado y no era fácil quitarle
tierras. Ese informe se pierde en el
Virreinato, por lo que se le ordena a Rafael Pérez del Puerto produzca
otro informe, lo que hace a fines de 1791,
donde establece que sobre la margen izquierda del Arroyo de Rocha, junto
al Paso Real, existe un terreno suficiente
para instalar una villa con colonos, porque tiene agua y leña cerca;
la tierra, si bien no es muy buena, se presta
para chacras y más allá de ellas, se pueden otorgar tierras para el
establecimiento de algunas estancias. La idea era
la de ubicar en estas tierras a un grupo de colonos, de familia radicadas
en Maldonado, así como también, otorgarles
terrenos a quienes ya estaban establecidos en estas zonas desde tiempo
atrás.
Determinar
una fecha de fundación de Rocha es muy difícil; hay todo un proceso
que se inició, en forma casi
anónima, con quienes se fueron asentando por los alrededores de la Guardia
Real, casi seguramente. Y luego, con el
establecimiento de los estancieros, a quienes se les entregan tierras
próximas, y la llegada de los colonos, culmina
un proceso fundacional. Los cierto es que entre septiembre y noviembre
de 1793, en esos dos meses, Pérez del
Puerto estuvo acampado a orillas del Arroyo de Rocha, junto con los
ingenieros que delinearon lo que iba a ser la
futura villa. Es al final de este período que él envía un informe al
Virrey, diciéndole que terminaba de dejar delineada
la ciudad y contratados los servicios de quienes van a proveer los elementos
necesarios para construir las casas y
hasta determina con precisión el orden de la misma: primero, la casa
para la Guardia, luego la casa Parroquial y,
finalmente, una para depósito de todo los materiales necesarios. Contrata
con dos vecinos de la zona, la fabricación
de ladrillos. Miguel de Yarza es el primer ladrillero de estos pagos,
quien fabrica los ladrillos y después es el albañil
que construye las veintitantas viviendas iniciales, tarea que se inicia
con mucha lentitud. Es al año siguiente que
se funda la iglesia con el nombre de Parroquia Auxiliar de la Villa
de San Carlos. El cura Montenegro, de la iglesia de
San Carlos, es quien establece la Iglesia en un rancho muy modesto y
celebra los primeros casamientos. El libro de
casamientos y de nacimientos, que se conserva aún en nuestra Iglesia,
comienza a escriturarse en noviembre de
1794, con la celebración de los primeros matrimonios y la inscripción
de nacimiento de niños del lugar. Tantas
inscripciones se produjeron como consecuencia que ya existían vecinos
establecidos como José Machado, Toribio
del Barrio, un tal Balao y José Techera, que habían sido compensados
con el otorgamiento de propiedades de la
Estancia Real de Don Carlos, en lugares protegidos por la Guardia, en
un proceso que lleva alrededor de diez años.
Lo cierto es que las familias españolas, radicadas en Maldonado desde
hace unos cuantos años, llegan a la Villa de
Rocha recién el primero de enero de 1801, cuando ya estaban terminadas
las construcciones de las viviendas.
En la nómina
siguiente van a encontrar apellidos propios y otros que ya han desaparecido:
Eustaquio Benito Ventura
Chavarría, hoy decimos Echeverría; Juan Fabre, transformado por la costumbre
en Fabra; Sebastián Herrera;
Francisco Pérez Brañas; Miguel González; Manuel Durán; Pedro Corbo;
José Brañas; Alonso Rodríguez; Pedro
González; Lázaro Caballero; Francisco de Vega; Paulo Aguilar; Manuel
Caballero; Manuel Bottana; Antonio García.
Muchos de estos apellidos subsisten, como los González, los Prieto,
Los Corbo, e incluso, en los lugares donde
poseyeron sus chacras o campos. Por ejemplo: a los Corbo les asignaron
propiedades en el Paso de las Conchas; a
los Brañas en las Sierras; y a los demás, en el resto de lo que hoy
es nuestro departamento.
El otorgamiento
de tierras suponía tres grados de la producción: a los estancieros se
les otorgaban tierras fértiles,
en una suerte de estancia de una legua de frente por una y media de
fondo; a los colonos, chacras, una yunta de
bueyes, un arado y algunas semillas, para que pudieran iniciar sus trabajos;
y al resto de los colonos, porque eran
artesano, en distintos oficios, como herreros, carpinteros, etc. , una
casa en la Villa.
Con estancieros,
chacreros y artesanos comenzó la vida de la Villa de Rocha y de sus
alrededores, en una época de
la que se van a cumplir doscientos años. El primer Alcalde fue Miguel
Antonio Zelayeta, como ya dijéramos,
nombrado como primera autoridad civil en junio de 1801. Por esa razón
es que algunos historiadores afirman que esa
es la fecha real de la fundación, argumentando que las villas deben
ser consideradas como fundadas, cuando se
establece la primera autoridad civil; pero otros estiman que la fundación
debe ser tenida en cuenta, desde el
momento en que se ha asentado la gente. Por eso es que nuestros antecesores
festejaron le primer centenario del
acontecimiento en el año 1893 y la costumbre ha sido respetada. En realidad,
debería haberse festejado de
septiembre a noviembre, pero en aquel tiempo, hace cien años, las actas
hacen constar que se cumplió en
diciembre debido al mal estado de los caminos, que hacían difíciles
las comunicaciones. Así, pues, en noviembre del
año venidero, seguiremos las tradiciones y festejaremos el bicentenario
de nuestra ciudad. Creo que es lo que más
de se acerca a la realidad histórica.
Las veintiuna
familias fundadoras de la Villa de Rocha non sumaban más de un centenar
de personas, sumados los
hijos y los esclavos. Con los lugareños, deben haber alcanzado a una
población inicial, no mayor de trescientos
pobladores. Lo curioso resulta ser que la Villa crece muy rápidamente,
lo que quiere decir que la campaña ya tenía
en esa época, una población importante, como se refleja en los libros
de la Parroquia, donde se anota una
significativa inscripción de nacimientos de hijos de colonos y de esclavos.
Ahí surge el problema de los apellidos de
las personas de color, que coincide con los de algunos de los primeros
pobladores. Así se lee en los libros:
"...Manuel, procede de la casa de..., hijo de esclavo y de..."
es por eso que el apellido del esclavo pasa a ser el del
amo.
La villa
prospera con rapidez y no hay ninguna duda que respondió con creces
a los fines establecidos, por cuanto
Pérez del Puerto habla de la importancia de Rocha en el arreglo de los
campos, con la radicación de las familias y
también en la defensa del territorio.
Curiosamente,
cuatro o cinco años después de instalada las mismas, se producen las
invasiones inglesas y los
vecinos se reúnen espontáneamente con el propósito de contribuir a la
defensa de Montevideo, con el único capital
que pueden aportar, que son los cueros. Hacen una colecta, que envían
en carretas al puerto de Maldonado, para
embarcarlos hacia la capital. Muchas son las carretas que hacen el transporte,
cuyo producido se destina a la lucha
contra los invasores. Es así que también se forma una fuerza de la zona,
al mando de José Herrera, que combate en
Montevideo contra los invasores ingleses.
Entre 1816
y 1820, en la época de las invasiones inglesas, visita la Villa de Rocha,
durante cuatro o cinco días, el
naturalista francés Auguste Saint Hilaire, un sabio que viene recorriendo
esta parte del Nuevo Mundo desde Porto
Alegre y Río Grande. Ingresa a Rocha por Chuy, del que dice que era
un núcleo poblado con pocas casas. Recorre
las Sierras de San Miguel y los montes naturales de esos parajes, estudiando
la fauna y la flora y asombrándose de
la fertilidad de estas tierras, en comparación con las que había conocido
en Brasil. Documenta sus estudios y sus
recorridos, dejándonos un testimonio muy valioso. Así, de su visita
a Castillos, consta que se alojó en la casa de un
vecino del lugar, de apellido Molina, y en Rocha, en el domicilio de
un descendiente francés, de apellido Barbat. Se
asombra de la forma en que ha enriquecido su compatriota, con su casa
de comercio, carpintería, y herrería,
teniendo a su servicio un importante número de esclavos. Disponía de
varias carretas, con las cuales transporta
mercaderías y realiza el comercio en zonas rurales y con la frontera,
fruto del aislamiento con el resto del territorio.
El progreso
de la Villa de Rocha es realmente sorprendente en los primeros años
de vida. En 1830, los vecinos juran
la Constitución en la Plaza principal ,en adhesión a la proclamación
realizada por el Gobierno de la época, según
consta en las actas oficiales. En ellas aparecen las firmas de los vecinos
que se nombraron como primeros
pobladores. Similar ceremonia se cumplió en Castillos, como demostración
de lealtad a la nueva constitución.
Con la
vida independiente comienza un nuevo período para la Villa de Rocha,
con la fundación de las primeras
escuelas, aunque le primer establecimiento escolar es anterior aún a
1830. Son escuelas particulares que auspiciara
el Alcalde. Pese a alas guerras civiles, pese a todas las dificultades,
muestra gran unidad entre los habitantes. Es
sorprendente ver documentos de la época, fechados dos o tres meses después
de haber finalizado una guerra civil,
con la firma de blancos y colorados empeñados en el bien común para
formar el pago del departamento. Es así que
se forma una Comisión Departamental con el cometido de trabajar por
la segregación departamental, que integran
vecinos de distintos sectores políticos e inmigrantes que ejercen distintas
profesiones, todos unidos en torno al
propósito de luchar por el progreso local.
Se inicia
así un período que se llamaría civilista, pese a las disputas en el
orden político, porque en esa época es que
se consolidan las instituciones sociales, algunas de las cuales subsisten.
Entre 1860 y 1870, cuando alcanza el
mayor auge la lucha por la segregación departamental, existen siete
u ocho escuelas en el departamento. Pero
además, hay dos instituciones de enseñanza liceal, fundadas por inmigrantes,
que impartían la segunda enseñanza a
los jóvenes de la Villa. Eran colegios particulares y por lo tanto,
pagados por los padres. Los mismos son dirigidos por
un marino de origen español, Eugenio Ruiz Zorrilla, y un polaco que
había combatido en la guerra del Cáucaso contra
los rusos, llamado Bodorja Scognick. Eran personas de mucha cultura,
al extremo que José Pedro Varela los designa
Inspectores de Escuelas, cuando realiza la Reforma Escolar. Ruiz Zorrilla
fue el primer Inspector de Escuelas de
Maldonado, que incluía aún a Rocha, y Bodorja fue el primer Inspector
de Escuelas en Cerro Largo.
A estos
Institutos de Enseñanza Media concurrían los hijos de los estancieros,
de los colonos y de los inmigrantes,
cuyo contingente había aumentado considerablemente desde la Guerra Grande.
Tal contingente migratorio estaba
compuesto principalmente por españoles e italianos.
Todos saben,
porque muchos tienen ascendientes italianos, lo que significó la inmigración
de ese origen en Rocha. El
cordón antiguo de chacras se puebla de quintas trabajadas por los italianos
fundamentalmente. Algo parecido
sucede con los oficios. La arquitectura de la época cambia notablemente
por obra de los constructores de origen
italiano. Como ejemplo, se puede citar la casa que construyó
el padre del Doctor Demichelli, en la intersección
de las calles 25 de Agosto y 18 de Julio, frente al Hotel Trocadero.
Los Pini, de origen italiano también, llegan a estas
regiones luego de participar en la construcción del túnel de los Alpes
y fueron los constructores del Faro de la
Paloma. Aquí se quedan y en alguna medida, son los pioneros del turismo
en ese Balneario. La sastrería tiene
también, sus más destacados operarios, en los inmigrantes italianos.
Los vascos, en cambio, fueron los importadores
de la industria lechera, que era lo más típico de su actividad artesanal.
Entre los comercios e industrias se destacan
dos zuequerías, que se establecen en terrenos cercanos a la Jefatura,
atendidos por pastores de cabras
provenientes de los Pirineos. La actividad que inician, adquiere gran
importancia, porque los zuecos resultan ser el
calzado que más se adapta a las calles de tierra y barro.
Estos son
los orígenes, en términos generales, de la actividad de numerosas familias
que se establecieron en Rocha
y cuyos descendientes, en su mayoría, aún permanecen aquí.
En la época
en que hace su aparición la prensa escrita, es decir, en la década del
setenta del siglo pasado, son
dos personas de apellido Revuelta y Cortés, quienes fundan el primer
periódico que se llamó "La Voz de Rocha", que
duró muy pocos meses. Pero fue la semilla para los que vinieron después,
como "La Ley", "La Prensa", "La
Democracia" de muy larga vigencia, y de los centenares de diarios
que se publican en los años venideros.
Ya, en
ese momento, cuando la comisión de Vecinos está trabajando intensamente
por la segregación
departamental, la prensa publica los argumentos que se esgrimen como
los más importantes para alcanzar el éxito,
entre ellos, que Rocha tiene más escuelas y más prensa que Maldonado,
lo que habla de un desarrollo cultural que
justifican los propósitos perseguidos.
En este
período, también, se crean importantes sociedades civiles a iniciativa
de los inmigrantes, como la Sociedad
Italiana, la Institución de Mutuo Socorsso y la Sociedad Española. La
primera de ellas se funda en el año 1876 y
cada una va nucleando los vecinos de su colectividad. La Sociedad Italiana
aún subsiste, mientras que la Española
hubo de liquidarse hace algunos años, por cuanto solo sobrevivía un
solo socio, don Salvador Diez, que, como dato
curioso, se ve impedido de disolver la Sociedad por serle imposible
reunir una Asamblea con ese propósito. En
consecuencia, la Sociedad murió de hecho y las propiedades están prometidas
en venta al Municipio. Son ellas las
que están ubicadas entre el C.S.Obrero y la Sociedad Italiana, en la
intersección de las calles 25 de Agosto y de los
Treinta y Tres. También, en esa época, se funda una Sociedad Cosmopolita,
que reúne a los inmigrantes de otros
orígenes, pero que tiene muy corta vida.
Surgen Clubes Sociales como el "Porvenir", que alcanza una
existencia de 50 años, 1882-1932. Su último local se
ubicó en la calle Gral. Artigas, donde hoy funciona un comercio de venta
y reparación de bicicletas. La Sociedad
"Porvenir" inicia las gestiones para la construcción de una
nueva sede, en lo que hoy es el Teatro "25 de Mayo",
pero no pudo culminar las obras. De ahí que una sociedad privada, compuesta
por los señores Nicolás Casella,
Damián Biurrum, Eladio Gonzáles, Domingo Aguirre y Gabino Pereyra, adquieren
el bien y dan término a los trabajos,
hasta que el Estado, a través del Ministerio de Instrucción Publica
y Previsión Social, hoy Ministerio de Educación
y Cultura, compra el bien y lo entrega para el usufructo y conservación,
al Municipio.
A fines
del siglo pasado surgen los consultorios profesionales, de origen extranjero,
sobre todo en el campo de la
medicina: Dr. Farot, francés; Dr. Cifani, italiano; Dr. Lucio Sanz y
Sancho, español, que vivió hasta muy avanzada
edad en este siglo. Ellos tres son los médicos que trabajan en la Villa
de Rocha, en la época en que se cumplían las
gestiones para la segregación departamental. Después, hacia fines del
siglo, se instala el primer médico uruguayo
graduado en la Universidad, que fue el Dr. Florencio Martínez Rodríguez.
El período
de auge cultural y comercial se cierra con la gran esperanza de la construcción
del puerto oceánico en La
Coronilla. Los editoriales de los diarios del año 1890, hablan de dos
temas fundamentales: la Reforma Escolar, que
ya está en marcha, y la aspiración de un puerto de ultramar, que incluso
intenta concretarse en alguna concesión
otorgada, que no realizó las obras. Es en ese mismo período que nace
la preocupación para resolver el problema de
los bañados, que hoy está en la consideración de todos; lo que quiere
decir que es un problema ya centenario.
¿Cómo llegamos
a este siglo? Diría que en Rocha se inicia con dos o tres acontecimientos
realmente importantes.
El primero
es el puerto de La Paloma. Siempre fue un puerto natural que, inclusive,
sirvió de refugio a Magallanes en
1520, para guarecerse en un temporal, como dijimos al principio. También
es utilizado en tales condiciones, durante
la Guerra Grande, en el desembarco de armas. Pero el puerto como tal,
habilitado con sus muelles, Aduana y demás
servicios, se inaugura oficialmente en el año 1910, sin perjuicio de
que, desde varios años atrás, zarpaban y
arribaban embarcaciones, siendo la única vía de comunicación que existía
con Montevideo, y por ella se enviaban o
traían las mercaderías. Era, asimismo, el medio por el cual viajaban
los pasajeros, ya que el traslado por tierra era
mucho más costoso, aunque el mismo fue evolucionando desde la carreta,
la diligencia, los carruajes hasta el
ferrocarril. El primer trayecto por ese medio es el que une Rocha con
La Paloma, realizado como consecuencia de la
obra del puerto. El proyecto inicial de este trazado, además de unir
a La Paloma con Rocha, era muy original y muy
importante para esta zona y su desarrollo, aunque, lamentablemente,
se frustró. El trazado estaba proyectado para
unir Rocha con Treinta y Tres y Río Branco. El puerto de La Paloma fue
concebido como puerto de ultramar, al
que accederían por ferrocarril, los productos de Rocha, Treinta y Tres,
Cerro Largo y aún los del sur del Brasil. Al no
hacerse realidad todo el trazado del ferrocarril, nació el puerto de
Río Grande. La esperanza del puerto de La Paloma,
como centro de salida de la producción de la zona este del país y del
sur del Brasil, no culminó como se proyectara
inicialmente. La ubicación de la estación del ferrocarril en la zona
noreste de Rocha, respondía al trazado
proyectado hacia Lascano y Treinta y Tres. El ferrocarril que unió Rocha
con La Paloma, cumplió su importante
misión hasta el año 1928, en que se inaugura la línea férrea entre San
Carlos y Rocha. Por esa razón, el puerto de
La Paloma pierde vigencia, tanto para el transporte de pasajeros como
para el de mercaderías y productos, aunque
hace algunos años atrás volvió a tener cierta relevancia como consecuencia
de la actividad pesquera.
Por la
misma época se produce el surgimiento de los Parques Nacionales en el
departamento. Para todos es
conocida la fotografía que muestra la entrada a la Fortaleza, con numerosos
automóviles, en la conmemoración del
primer centenario de la toma de Santa Tersa por Leonardo Olivera, 31
de diciembre 1925. En la oportunidad en que
se inician oficialmente las obras de restauración de la Fortaleza y
del Fuerte San Miguel, trabajos que se extienden
hasta alrededor del año 1960. En ese período adquieren gran trascendencia
los trabajos y la obra de don Horacio
Arredondo, reconstruyendo los monumentos históricos que estaban destruidos
e invadidos por las arenas. Su obra
no sólo comprende los trabajos de recuperación de la Fortaleza y del
Fuerte, si no que siembra miles y miles de
árboles de las más variadas especies, y construye los parques más hermosos
del territorio nacional y de los mejores
de América.
En la década
del cuarenta se consolida la red vial del departamento, no sólo con
la ruta que une Rocha con
Montevideo, sino también, las del interior del departamento. Lo que
son hoy las rutas 15, 10, 13, 16 y 19, fueron
proyectadas por una comisión vecinal que integran don Alfredo Vigliola,
don Facundo Machado y el Dr. Mario
Sobrero. Dicha Comisión colabora con el Municipio y el Ministerio de
Obras Publicas con el trazado de un plan de
red vial, que hoy disfrutamos con pavimentos sensiblemente mejorados.
En ese
período que se habilita el Parque Andresito del Balneario La Paloma,
paralelo a la obra que realiza Solari en
el Balneario, que lo va transformando, hasta convertirlo en un centro
de atracción turística de relieve.
Como consecuencia
de los acontecimientos ocurridos en el mundo, como la Segunda Guerra
Mundial, se opera un
cambio importante en nuestra economía y hasta en nuestra sociedad. El
aprovisionamiento de aceite de hígado de
bacalao, que era la materia prima fundamental para la obtención de vitaminas,
convierte a la pesca en una actividad
muy lucrativa, ante el reclamo de países como Japón y de otros del continente
asiático. Al producirse el aislamiento
de ese país como consecuencia de los citados acontecimientos bélicos,
se hace necesario cambiar los rumbos y
buscar otra fuente de producción de vitaminas. En esa investigación,
se descubre que el hígado de tiburón tiene las
misma propiedades, lo que impulsa a nuestros pescadores a la captura
de esa especie en nuestra costa oceánica.
Inicialmente se faenaba el tiburón y se despreciaba el resto. La explotación
de la carne como alimento es posterior,
lo que pudimos apreciar directamente con alumnos y practicantes de la
Escuela Ramírez, en visitas didácticas
realizadas a La Paloma. En ellas, era muy frecuente tener la oportunidad
de observar la llegada de los barcos
pesqueros, la descarga de los tiburones y de los barriles de aceite
del hígado de los que se habían faenado mientras
se emprendía el regreso a puerto. El resultado económico de esa actividad,
determinó la creación de otras
agrupaciones de pescadores, como la de Puntas del Diablo, zona valorada
como excelente pesquero. Es ahí que
surge la primera colonia de pescadores.
Sin perjuicio
de reconocer el impulso que han dado a la costa oceánica muchos particulares
y el Estado, a sido de
gran valor el que le dieron, a lo largo de estos años, los pescadores.
La primera
vez que visitamos Cabo Polonio, allá por el año 1938, la población permanente
alcanzaba a cinco
personas: dos funcionarios que atendían el funcionamiento del Faro,
dos dedicados a atender la radio del Faro y don
Jacinto Pereyra, integrante de la Comisión de Protección a la fauna
lobera. Un carro, cada quince días, llevaba las
provisiones necesarias para atender la alimentación de esas personas.
Hoy en día, Cabo Polonio se ha convertido en
un polo de atracción turística y de gran riqueza pesquera, dos factores
que han sido decisivos en la evolución de la
economía del departamento, complementados, naturalmente, con la constante
evolución de la ganadería, de la
producción lechera. En el mismo sentido, en la actividad agrícola, la
producción arrocera ha ido perfeccionando el
cultivo, alcanzando los primeros niveles en los resultados nacionales.
En resumen:
turismo, pesca, producción ganadera y agrícola, conforman nuestra principal
riqueza, generadora de
industrias y de ocupación laboral.
Cuando
estamos por cumplir los doscientos años de vida, de este somero balance,
un poco desordenado, podemos
comprobar cómo la historia sigue mandando. ¿Cuáles son hoy las preocupaciones
fundamentales en nuestro
departamento? Sin lugar a dudas, el desarrollo y la producción; pero
unido a ello, la conservación y preservación de
los recursos naturales. No es lo mismo que mejorar los campos, pero
en muchos se le parece; es decir, la tarea que
emprendió la Corona Española hace doscientos años, de "arreglar
los campos", como decían ellos, para que la
explotación fuera segura, legítima, real, próspera y benéfica
para la comunidad, es, en cierta forma, lo que con
otro nombre y tras dos siglos de progreso, evidentemente en otras condiciones,
el departamento y el país siguen
buscando. Al extremo que los llamados humedales han sido declarados,
por organismos internacionales, lugares a
ser protegidos, reservas de biósfera de un mundo que el Planeta
debe conservar intactos.
Los médanos
del Polonio, declarados monumento histórico, que son casi únicos en
el mundo por su belleza,deben
ser preservados.
Todo esto
nos supone una reflexión y un compromiso, al cumplirse el bicentenario
de la ciudad de Rocha: todos los
habitantes del departamento y los que nos visitan o se incorporan a
él, tenemos que asumir la defensa del mundo
natural y la riqueza, como homenaje a la memoria de aquellas veintiuna
familias que hace dos siglos, creyeron en
esta tierra para forjar su porvenir y su destino.